Algarrobos
I
Cuando conocí esta angustia estábamos aún en Rusia. El Zar nos perseguía. Por primera vez vi a papa inquieto, temeroso, desconfiado; él, cuya constante característica era una distraída y placida afabilidad. Cesaron las reuniones de mamá. No hubo más música en casa. Yo captaba el ambiente molesta y desconcentrada. Sufría la supresión de mis juegos y ardía por interpretar los secretos –frecuentes ahora- de los mayores. Me veo aún, la larga trenza suelta sobre el camisón, espiando por la puerta entreabierta.... y de ellos, de sus rostros oscuros y cansados, sólo veo claramente el gesto de mi madre al servir el samovar y la cara y mano del rabi, fantasmagóricas en la iluminación oscilante.
Luego: el Barón Hirch. Él y su romántica historia, “pierdo mi hijo pero no mi heredero” se agigantaron en mi imaginación. Era algo así como otro Moisés que nos recataba del cautiverio y esto; nuestra tierra prometida
Después deambulábamos. Eso me distrajo. Trenes y más trenes.
Gente desconocida siempre. Países nuevos que ni veíamos; sólo guardas y estaciones. Nosotros éramos varias familias, hablábamos nuestro idioma, conservábamos nuestros gestos y costumbres hasta tal punto, que ellos parecían pasar. Nosotros, estables en nuestro vagón, permanecíamos.
Más tarde el vapor, su hacinamiento, la amargura con que no dijo adiós a esa costa extraña, renovaron mi inseguridad. Caí en el desorientado silencio de los mayores y sólo las correrías de Moishe, tan ansioso de amistad como yo, su insaciable curiosidad, me llevaron a la vida normal. Ya entonces necesité una mano tendida para salir del pozo.
Llegamos a Buenos Aires. ¿Qué fue Buenos Aires? Oficinas, papeles, muchos rostros nuevos, más oficinas y papeles, entonces por fin, algo real. Un último tren nos internó en la pampa.
Ya en las viejas carretas-caravanas de gusanos internándose en la inmensidad- creí haber dado una vuelta completa: ésta era la estepa y nosotros gitanos. Divertida, se lo dije a Mauricio. No rió. A medida que avanzábamos sus ojos tenían una seriedad distinta a la de nuestros enojos. Parecía....viejo. miraba como papá y mamá.
Éramos un grupo muy numeroso ahora. Decían que trescientas familias. Llegamos y pasamos fortines con pueblecitos minúsculos surgidos a su amparo. Incluso Luján, Bragado, los que se consideraban sitios poblados, eran sólo rancherías, encogidos junto a las armas. Oí hablar de malones, indios pampas. Oí de duelos y aparecidos. Oí de proyectos y cosechas, de las dificultades que nos esperaban “ se trilla a pata de caballo”, oí, ¡todas eran palabras!. La opresión no estaba. Nuestra caravana y esa soledad,, las paradas, el río aquí, el fortín allá, los fuegos con sus sombras llenos de ese interminable lenguaje visual que encanta nuestro ojos hasta la última brasa: el asado-el nuevo y largo rito del asado- los gauchos, morenos, recios, silenciosos, dramáticos, profundos, hasta sin hacer nada, hasta para mí que no entendía nada de tragedia...
Las chinas, rostros apenas entrevistos; el mate y las guitarras en los atardeceres, esos queridos atardeceres, sangre y luz, lucha y agonía de colores en la plenitud vibrante de los campos callados.
Todo eso y mucho más: un pájaro nuevo, un canto mágico, un venado, una mata arisca ¡todo! Fue aventura, emoción, comienzo. Yo sentía distinto de los míos, En su empuje consciente había una inquietud temerosa, una nostalgia callada que no comprendí ¿yo? ¡yo estaba enamorada!
Un día como otro cualquiera, pasado un último fortín de muy escasa población....” se llama Médano de la estaca”. “No, no, el fortín se llama Paz. Creo que fue un general. Junto a una laguna grande y fangosa, paramos definitivamente. Desde ese entonces ese pedazo de tierra fue nuestro. Algarrobo chico, Fortín, Gerchmann, Ronsenzuaig, Onik. Hicimos reales en el sorpresivo redescubrirnos diario. Nada anunció el milagro, salvo nuestra historia. Mis padres que nunca habrían labrado, supieron labrar. Yo que nunca había trabajado, fui endureciendo mis manos y tostando mi rostro a medida que le salían flores a la pampa. Tuvimos escuela, nuestra escuela, y si a nosotros los sefaradíes nos enseñaron castellano, a los criollos que compartían nuestros bancos, les enseñaron idishs.
Nuestras escuela, nuestras costumbres, nuestro idioma, nuestros gestos. Sí, una vez más permanecimos. Pero había elementos nuevos. Mejor dicho, un elemento nuevo: nuestra tierra. Poco a poco comprendí la importancia de esas dos realidades: nuestra tierra.
II
-¡ Yo los como más rápido!
-¡ Qué gracia! Vos masticás todo ¡así no vale!
Habíamos dejado la escuela el año anterior. Después de lavar la cocina, me corría hasta la sombra de los eucaliptos de la tranquera y allí estaba.
Comíamos semillas de girasol tostadas con sal y entre largos silencios intercambiábamos nuestro día con frases casi telegráficas.
-Ayer se escapó el picaso. Lo traje yo.
-¿Dónde lo agarraste?
- En el montecito,. Yo me le fui despacio y él se quedó quieto nomás.
Y el silencio largo. Su incertidumbre, la aventura, el triunfo con su orgullo gozoso, se sobreentendían. Así fue siempre. Cuando cumplí dieciocho años...
-¿Vas a la laguna?-me preguntó.
-Vamos todos. Yo...quiero contarte algo.
Y luego, en la siesta calurosa llena de croares y chirridos, apoyados en el muro del cementerios:
-El Shotjen habló a mis padres. Es Mauricio. Quiere que nos casemos después de la cosecha.
-¿Le contestaron?
- No, todavía no.
- Por primera vez nuestro silencio tuvo gestos.¡Qué dulcemente sus manos ásperas envolvieron mi rostro! ¡qué eterno momento nos miramos! ¡Cómo vive aún en mí la sensación ardiente, turbadora de su boca!
- Yo creo que tendremos que ir al juzgado de Casares. Tu rabino no nos va a casar siendo yo goien.
- -¿Cuándo?
- -Por la mañana , en el cruce.
- ¿Cómo explicarme a los demás? Yo no traicionaba nada. Él era más yo misma y yo más él que ninguno de los de mi raza. No, no traicionamos nada. No éramos dos doctrinas: fuimos e hicimos seres humanos y entonces sentí y ahora sé que todo lo demás está después.
III
-Gúes día amigo.
-Güenos Don.
Se acerca al paso, desmonta calmo, cambian cordialidades.
-Güenas amigo.
- Tá lindo el pingo Don, Lo domó el Negro ¿no?
- -La patrona le manda recuerdos a su niña.
Y por fin, lo que les arde dentro a todos en ese año pletórico de soles.
- -¿Cuándo es la reunión Don Góme?
- -Mañana amigo.
- -¿Siempre en Casares?
- -Siempre nomás. Vamos a hablar con los del comercio. Parece que la casa se hace grande. Han recibido carta de Pergamino y quieren ir a la Capital para hablar con el ministro,¿Ustedes avisó a sus vecinos?
- -Ya están advertidos Don.
- -Hasta mañana pue.
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- -Si Dios quiere Don.
El centro está lleno de caballos y sulkys mamá ¿qué pasa?
-Siempre hay.
-Hoy hay muchos más. Mira.
-Tenés razón. Juan ¿qué pasa hoy? ¿hay asado en el comité?
-No m´hija ¡qué ocurrencia! Si falta una barbaridad para las elecciones. Es ese asunto del precio del girasol.
-¿Vas vos?
-Claro
-¡Qué gusto de meterte en líos!
-Ya estás hablando de gusto. Si no les conseguimos con qué sembrar ¿me querés decir de que vivimos el año que viene nosotros?
-¿Tan malo es el asunto?
-¡ Pero claro! Si les pagan 8.10 y tienen, de gastos nomás, cerca de 9. Los de acá queremos que el gobierno fije precios mínimo $10. A los de Pergamino no les alcanza....
-¡Pero no termino de entender!¡ si la cosecha no puede ser mejor!
- Es tan malo como si se hubiera perdido. No hay demanda.
- Papá, papá ¿por qué si ellos no siembran nosotros no comemos?
- Irma ¿te querés callar? No hay que interrumpir a los mayores.
Ese girasol que se había inaugurado con nosotros, parecía ser inútil, como parecía inútil a veces todo esfuerzo. Sí era difícil aun en los años buenos. Se fueron yendo. Qué vacío infinito ese año para mí. Le llamaban del precio básico. Yo, el de la soledad, Se fueron todos. El compañero a la tierra. Los hijos a la ciudad. Yo...
Yo traté de seguir como antes. Nada era igual. Cuando vendí el campo supe cuán profundamente estaba enterrado en él. Nada podría ser igual, el sentido de las cosas era vacuo....¿tenía sentido? Por momentos la vieja angustia, desparecida por años, subrayaba mi inutilidad.
IV
-Allá podrían decir ¡ rusa de m...! Si estaban enojados, pero me querían. Yo era la vecina de aquel, la maestra del otro. Aquí no soy nadie y es peor que si me insultaran. Nos tienen prevención porque somos judíos, porque somos ricos...
-Vamos mamá , cálmate... En las ciudades grandes uno siempre se desdibuja.
-Se desdibuja no, se desarraiga, así es como me siento.
Entendé querido, yo no soy de aquí, como no soy de este negocio y vos tampoco, por lo menos creí que vos tampoco..
-Pero ¿ qué querías que hiciéramos? ¿quedarnos en una chacrita en la mitad de un desierto? nosotros no alcanzamos a doctores pero tenemos suficiente cultura como para necesitar cine, teatro, música, y un cierto confort.
-Allá tenían algunas de esas cosas. Además ustedes hacían teatro.
-¡Vamos mamá! Cuando el tiempo y los motores quieren, del cine mejor ni hablemos, a leguas y malísimo y nosotros hacíamos teatro sin tener nada; ni escuela, ni publico, robándole horas al descanso.......eso se hace a los 18, no a los 30. Uno necesita un aliciente. ¡Vos no querés entender! ¿no extrañaba la abuela todo eso?
-Ellos habían vivido más de la mitad de su vida en una ciudad, nosotros no.
¿Es que no te gustan ya esas cosas? ¿No las necesitas?
Si hijo, sin duda tenés razón. Por eso y por muchas cosas más, la dificultad para conseguirles campo por ejemplo....pero yo también tengo razón.
“ Mi niñito rubio. Esas uñas brillantes me acariciaban el cabello llenas de tierra”..”mome, la Jewish me dará tierra a mí también, o me considerarán goien?...”mome, me voy a Casares”...”mome, nos vamos a Buenos Aires”
Y aquel tronco recio y dorado se había convertido en este desconocido de vientre prominente y boca sensual”
- Si hijo, esas cosas me gustan, las necesito, pero si no están donde pueda ser yo misma, podré pasar sin ellas, yo ya soy vieja, no quiero cambiar.
-¿Te vas entonces? ¿No podemos hacer nada por convencerte?
“No puedo explicarle que ellos mismo me resultan extraños por momentos. Esos modales untuosos, ese temor apenas disimulado de proclamar su sangre judía, me repugna....
-Ustedes irán, los chicos pasarán el verano conmigo, vendré a verlos seguidos.
“Los dos sabemos que yo no vendré”
Y así por ultima vez, me interne en la pampa. El tren es cómodo y veloz ahora; las estaciones, ciudades; los que me rodean; extraños, atrás, quedan mis hijos, adelante ¿algo más que la muerte? Si embargo, una vez más, en la realidad plena de los campos, mi angustia no existe. Fijo la vista en la cinta verdiazul, y sobre ella veo un sueño-imagen. Mi sueño, el de siempre, por fin perfectamente definido, por el dolor, por la experiencia, por la claridad de los años. Veo jóvenes, muchos jóvenes, hábiles y prendidos a la tierra como fueron los míos. Los veo dueños y señores de su suelo. Así no se irán. Así vendrá a rodearles toda la belleza, como la copa al árbol; como la flor a la planta: ellos, tronco y raíz de una raza sobre la pampa. No, no hay angustia que resista la turgente posibilidad de estos campos callados.
Adhesión a la primera fiesta del Girasol.
Venado Tuerto, 6-III-1964