Hotel
Flores
Viendo al macizo y viejo Hotel Flores en decadencia y puesto en venta, se nos ocurre en lo posible contar su historia. Lo conocimos en pleno auge y recordamos a su singular pensionista, y gratis por añadidura.
Isaac Flores compró su pequeño hotel a Mazzini y Lugano, allá por 1920. Casado y sin hijos, su esposa Magdalena lo secundaba eficazmente. Diez años después se terminaba la construcción del por entonces moderno y lujoso edificio, modelo en su género. La atención y la limpieza eran de primer orden. Al frente de la cocina estaba Conce Ochandiano, hermana de Magdalena y española al igual que sus familiares. Flores, adusto y gruñón, no admitía situaciones equívocas; en su casa había tanta moral como podía existir. Jamás dio albergue a ninguna pareja sin previa presentación de la libreta de matrimonio. Su esposa y su hermana política eran tan inflexibles como él.
El eficiente hotelero prodigaba simpatías o antipatías con la misma sinceridad, y el Dr. Rodolfo Espil era su ídolo; se hubiera hecho despellejar por él. No existía exquisitez alguna que no se le enviara o se hiciera expresamente cuando lo invitaban a cenar.
Una noche Kelito no estaba solo, lo acompañaba un exótico galgo ruso, blanco como la nieve, que le habían regalado. Como se había hecho tarde para cenar, personalmente fue a decir que enseguida volvía pues había que darle de comer a Joujou. En modo alguno lo admitieron, además se le preparo un bife especial. Tan embelesada estaba la señora de Flores con el perro, que pidió verlo todos los días y así estuviera o no estuviera el amo en Casares, el valet lo llevaba al hotel para que cenara.
Falleció Flores y su viuda siguió por largos años regenteando el establecimiento. Después que ella dejara de hacerlo, tuvo rachas de mejor o peor suerte, hasta que la vejez que siempre agobia, hizo que el “Flores” fuera poco confortable y anticuado. El tiempo es inexorable. Podría remodelarse... ¡se hizo!