Buen
Intendente
Épocas de política brava y exacerbada, con un oficialismo que se Imponía de cualquier manera. Poco antes varios miembros del comité radical habían sido detenidas por el solo hecho de pertenecer a la oposición: Fortunato Bava, Felipe Ercilla, Oberfil Sallenave y el Dr. Aranzadi de Smith, pasaron una semana en la comisaría en previsión de vaya a saberse qué... Galcerán iba y venía, sus fueron legislativos lo ponían a resguardo. En realidad él que llevaba el peso de la tarea política era el secretario Oberfil Sallenave, quien en caso de apuros recurría a Bava.
Era Oberfil muy inteligente y pícaro, las lides comiteriles parecían hechas de exprofeso para él. Su asombrosa facilidad de palabra, lo hacía un orador eficiente y difícil de superar en una campaña política. También sabia guardarle las espaldas al caudillo. En la ocasión era necesario contar con un nuevo candidato a intendente. Tenia que ser alguien de probada militancia, honesto sin tacha y también influenciable. que se sometiera a los designios de la dirigencia. Como siempre alguien insignificante que pudiera ser manejado por completo. Después de muchos cabildeos se encontró el candidato ideal en Juan P. Este había sido ferroviario y jubilado de oficio por su militancia radical. Honrado e influenciable también, por cuanto su esposa lo dominaba a su antojo. Hubo que obtener su aprobación primero, claro está, y al fin hubo futuro intendente. A lanzarlo entonces. Y cuando de picaros se trataba: Galcerán, Bava y Sallenave era para pensarlo. El nombre del candidato no trascendía. se barajaban nombres y siempre se le encontraba algún defecto. Eran charlas que trascendían y no se sabía de dónde salían. Del mismo modo se empezó a decir que don Juan era un hombre bueno y honrado. Y tanto se dio que todos lo repetían como una consigna... Dos meses después de ser nominado, nadie dudaba que era el candidato ideal. Antes tuvo la prudencia de consultar al párroco P. Di Jorio, sobre la responsabilidad de aceptar o no la candidatura... El cura fue concluyente, le manifestó que en su caso era ineludible aceptar, que era un deber hacerlo... Desde entonces el mayor propagandista de Juan, seria el sacerdote.
Por fin comenzaron los actos callejeros, se alzaron tribunas y se pronunciaron discursos. Sallenave arengaba a la multitud que se congregaba haciendo desbordes de elocuencia. Suya fue la famosa frase: ¡Algo pasa en Carlos Casares! ¿Qué pasa en Carlos Casares? Hablaron Galcerán, Ercllla, Aranzadi: el candidato indiscutido era mostrado mientras sonreía y saludaba. Por fin al cierre de la campana habló el pretendido intendente, digo mal, leyó un discurso con voz temblona y tono emocional. Quienes estaban a su lado. no lo dejaron terminar. Todos los felicitaban y abrazaban, mientras Sallenave se deshacía en elogios, señalando a la concurrencia, la sincera emoción de Juan que ponía lo mejor de sí, en cuanto hacía.
Al día siguiente, hallándome en casa de los Bava, llegó Sallenave. El tema de conversación obligado fue el acto efectuado en la víspera.
- ¡No me diga nada don Fortunato! Por fin pasó.
- ¿Qué, te hizo sufrir mucho? - y se reía con malicia divertida.
- Claro, cuando a usted se le ocurre algo, el que paga las consecuencias soy yo. ¿Sabe lo que fue convencer a la vieja? Además de difundir rumores, enseñarle a leer discursos día tras día, sin que agarrara viaje...
- ¡Con el cura no le fue mal!
- Para mentir no necesita lecciones, está acostumbrado a hacerlo con su mujer.
- Anoche no lo dejaste terminar.
- ¿Y qué quiere que hiciera? Ya no lo podía sostener más, se caía, estaba al borde de un colapso.
- Resumiendo, se hace un intendente: mintiendo, escribiendo discursos, se le enseña a leerlos y se lo sostiene en la tribuna para que no se caiga. Negro, es un curso práctico digno de ser tenido en cuenta.