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Decreto Fiesta Nacional del Girasol
Decreto Fiesta
Nacional del Girasol
Decreto Nº 6796 – 13 de julio de 19 63
El Presidente de la Nación Argentina
Artículo 1º: Institúyese la FIESTA NACIONAL DEL GIRASOL que se celebrará en
la localidad de Carlos Casares (Provincia de Buenos Aires) el último sábado
del mes de marzo de cada año.
Artículo 2º: LA SECRETARÍA DE ESTADO DE AGRICULTURA Y GANADERÍA DE LA NACIÓN
reglamentará dicha Fiesta, sin erogación para el Estado, con la
participación de las entidades directa o indirectamente vinculadas a la
producción, industria y comercialización del girasol.
Artículo 3º: El presente Decreto será refrendado por los señores MINISTROS
SECRETARIOS en los DEPARTAMENTOS DE ECONOMÍA Y DEL INTERIOR, y firmado por
el señor SECRETARIO DE ESTADO DE AGRICULTURA Y GANADERÍA DE LA NACIÓN.
Artículo 4º: Tómese nota, comuníquese, publíquese, dese a la DIRECCIÓN
GENERAL DEL BOLETÍN OFICIAL DE IMPRENTAS y archívese.
Decreto 6796
GUIDO Carlos, AAdrogué Alvaro C, Alsogaray César Urien
ORIGEN DEL GIRASOL ARGENTINO
Allá por los años 1889-90, un gran Argentino, el General D. Bartolomé Mitre
en una de sus visitas al extranjero, tuvo oportunidad de conversar con el
Barón Mauricio Hirsch, al que interesó en que dirigiera la colonización que
tenía proyectada para el judaísmo de Europa Central, hacia las feraces
tierras de la República Argentina, haciéndole conocer el espíritu y la
tradición de libertad y justicia que era consubstancial con la misma
nacionalidad argentina.
El Barón Hirsch destacó al Dr. Loevental quien, en su viaje hacia nuestro
país, no hizo más que ratificar lo expuesto por el General Mitre y de
inmediato comienza la faz práctica de la colonización, con la adquisición en
Carlos Casares, de quince mil hectáreas que comprendían las estancias de
Algarrobos Chico, Fortín Comisaría y estancia La Alicia, operación efectuada
con fondos del Barón Hirsch quien había costeado a su vez el traslado de la
mayoría de los colonos y sus familias, estableciendo un régimen de
colonización, no con fines lucrativos sino, con espíritu de solidaridad
hacia sus connacionales para afincar así en el suelo libre de este país a
todos aquellos que residían en medio del oscurantismo, discriminaciones
raciales y condiciones de vida que no eran las que condicen con la libertad
a que es acreedor todo ser humano. Y es así como a Carlos Casares arribaron
en el año 1891 los primeros contingentes de colonos en un total aproximado
de 300 familias para ser colonizadas en los campos previamente adquiridos.
Aún hoy quedan restos de lo que fue y conocemos por pueblo de Algarrobos,
donde se instalara la administración con sus oficinas, proveedurías, etc.
Las primeras escuelas que se denominaban integrales y que luego pasaron al
Consejo Nacional de Educación, fueron fundadas y costeadas en aquella zona,
por el Barón Hirsch. También los primeros maestros para estas escuelas
fueron de origen judío oriundo del norte de África, del Marruecos Francés,
que dominaban el castellano por su condición de Sefaradíes.
Y comienzan a proyectar su gravitación sobre el pueblo de Carlos Casares,
las citadas colonias en su aspecto económico y social hasta traducirse en lo
que es hoy nuestra ciudad a la que obligadamente debían llegar aquellos
hombres para sus transacciones comerciales por tener ésta la estación de
Ferrocarril.
Cabe destacarlo – y nunca en mejor oportunidad que ésta – ya que celebramos
la Fiesta Nacional del Girasol para su importancia histórica de la
colonización del Barón Hirsch, es que en aquella zona se siembra por primera
vez en la República Argentina, la semilla de girasol que con el correr del
tiempo se transforma en lo que es hoy la gran industria e importante fuente
de recursos para nuestro país.
La memoria del Barón Mauricio Hirsch, hoy más que nunca debe ser exaltada y
recordarse con fervor y unción por toda la población Argentina, pues su obra
de verdadera filantropía tiene hoy vigencia en momentos que se habla de la
gran reforma social que a grandes pasos se opera no solo en nuestro país
sino en toda América Latina.
Le cabe el alto honor a Carlos Casares de ser la cuna del cultivo del
girasol, y por ello toda la zona de su influencia, ubicada en el Centro de
la Provincia de Buenos Aires y región agrícolo – ganadera por excelencia, se
dispone con júbilo a festejar en la última semana de abril la FIESTA
NACIONAL DEL GIRASOL. Rendirá así un merecido homenaje a los primeros
colonos que se afincaron en sus tierras allá por 1890 y traían consigo la
humilde semilla desde lejanos países.
Fueron ellos los que la sembraron por primera vez en nuestro país y,
posiblemente, nunca calcularon la importancia que en el futuro tendría el
cultivo de esa oleaginosa.
El destino que aquellos colonos daban al girasol era el núcleo familiar:
complemento de alimentación humana y, también, de las aves de corral. Por
tal causa, efectuaban sus cultivos a mano en pequeñas parcelas y la trilla
tenía lugar en la misma forma. La mecanización se inició a partir de 1920.
Los distintos pueblos de Carlos Casares, especialmente Colonia Mauricio
(Algarrobo) son hitos que señalan el recorrido del girasol argentino en sus
primeros pasos por el país, y en cuanto a su comercialización ella tuvo su
punto de partida en el año 1915, cuando don José Pisarevsky envió a plaza un
lote de girasol casarense y don Jacobo Perelman lo vendió.
Paulatinamente, el girasol se abre camino. En 1929 se siembran 3.800
hectáreas en Carlos Casares, y en 1934, sobre un total de 83.685 hectáreas
sembradas en el país, la cuna del girasol se destaca con 21.000.
El girasol estaba preparado para dar el gran salto hacia la
industrialización y don José Pisarevsky nuevamente señala rumbos: se
entrevista con el Ingeniero Tenenbaum, representante del Ministerio de
Agricultura, y el gobierno presta su apoyo oficial a la industria aceitera.
Los resultados son inmediatos y prósperos. La industria evoluciona sobre la
base de esa oleaginosa y su cultivo, iniciado tímidamente, se extiende a
todas las zonas agrícolas. Hoy son una realidad incontrovertible en el
progreso económico de la Nación. Simón SIGAL
DEL DESIERTO A LA CIVILIZACIÓN
Cuando hoy recorremos la fértil campiña casarense y vemos la pródiga
capacidad de su suelo para la ganadería y su fertilidad para la agricultura,
no podemos imaginar que hasta hace poco más de un siglo ella era para el
hombre blanco tierra inhóspita.
Un interesante mapa del año 1703 de los padres Ovalle, Techo y otros, nos
muestra la zona bajo la denominación “Desierto” y con una leyenda en francés
en la que dice “País de los Pampas, así denominado por las planicies que
ellos ocupan”. Mucho tendrá que lamentarse nuestro país del error de esa
denominación. En la introducción a su importante estudio topográfico de
1880, dice con acierto el Tte. Cnel. Manuel Olascoaga: “el plano que
publicamos presenta por primera vez un espacio de 20.000 leguas de
superficie que hasta hoy figuraba en blanco en nuestras cartas geográficas;
y a ese blanco le dábamos los nombres de pampa, desierto, territorio inútil.
Entre tanto hoy sabemos que esa pampa es una región generosamente dotada de
todas las condiciones de producción y de vida”. Las parcialidades amerindias
que la poblaban sabían de su prodigabilidad y de allí esa prodigiosa defensa
que tantas vidas y bienes costó al país. Lo que hoy denominamos partido de
Carlos Casares ha sido zona de médanos, lomas y bajoscon numerosos cañadones
y lagunas, como La Salitrosa, La Unión, Maya, Algarrobos, del Centro, del
Rincón, La Viznaga, la Piedra, etc.
Estas lagunas son de importancia histórica puesto que generalmente ellas
determinaban el camino del indígena en caso de que éste debiera desviarse de
la “Rastrillada Real”, que pasaba al sur de nuestro partido.
Los amerindios aquí establecidos fueron desmembraciones de la belicosa
familia araucana y que los denominó Puelches. A mediados del siglo pasado
tenían gran influencia en nuestra zona dos cacicazgos: el de los Ranquelches
o Ranqueles, con sede en Leuvucó y cuya dinastía era la de los Rosas; y el
de los Salineros o Chadichís, con centro en Salinas Grandes y gobernado por
la dinastía de los Piedra. Mariano Rosas y Epumer Rosas caracterizaban a la
primera de estas dinastías, en tanto que la segunda está en manos de
Callvucurá y, a su muerte, de M. Namuncurá. Estos nombres son, para los
primitivos habitantes de esta zona, tristemente famosos por sus malones. Tal
celebridad es sólo igualada por un caciqueque en demostración de su audacia
negó obediencia a ambos cacicazgos y estableció su propia parcialidad en
Tencullauquen, llegando a ser el más temido cacique de nuestra región:
Vicente Pincén.
Si bien las columnas principales de la expedición al desierto de 1833 no
atravesaron esta zona, tuvieron importancia puesto que determinaron la firma
de importantes tratados con los indígenas y la transformación de varias
parcialidades a la categoría de indios amigos. Así encontramos a los
Boroganos que en esta expedición luchan en la columna del Tte. Cnel. Delgado
contra la tribu ranquelina del cacique Yanquetruz y que años más tarde irán
a ubicarse en la Tapera de Díaz – cercana a Los Toldos – bajo el mando del
cacique Coliqueo.
La táctica ofensiva de Rosas y su magnetismo personal para con los caciques,
determinó que algunos de estos acompañaran su Tiranía, como fieles aliados.
Tal el caso de Callvucurá y Catriel.
La caída de Rosas determinó una complicada política diplomática entre el
General Urquiza y la corte de Salinas Grandes, que no determinó su actitud
hasta que no quedaron definidas las posiciones entre los gobiernos de Paraná
y Buenos Aires. Recién entonces dieron su apoyo a la Confederación, sellando
esto con el padrinazgo de Manuel Namuncurá por parte de Urquiza.
Indudablemente los indios eran consumados diplomáticos y en éste y todo otro
momento de problema interno nacional, supieron aprovechar la situación en
salvaguardia de sus intereses. Así es que en 1854 se forma la Gran
Confederación Salinera que lleva entre este año y 1858 contínuas maloqueadas
contra Bs. As. entendiendo servir así al gobierno de Paraná.
Durante todo el problema de la guerra civil entre Buenos Aires y la
Confederación, subsistió el agudo problema de las fronteras
insuficientemente guarnecidas. El fin de aquel conflicto con la Batalla de
Pavón en setiembre de 1861, es inmediatamente aprovechado por el Gral.
Bartolomé Mitre, quien envía a Julio de Vedia con 700 hombres a la frontera
oeste de Bs. As. a contener y atacar a los ranquelinos. Este mismo militar
llegará el año siguiente a Clalauquen o Tres Lagunas, que señala como de
importancia estratégica y que será centro de la posterior Nueve de Julio.
Para la fecha de creación de ésta, ya existían campos mensurados en nuestro
actual partido y así lo marca el Registro Gráfico de la Provincia de Buenos
Aires de 1864, en el que con los números 179, 162, 165, y 124 ubicamos los
campos de cayetano Urbero, Francisco Verón, Antonio MAYA y Saturnino López.
El nombre de Antonio Maya, posteriormente fundador de nuestra ciudad,
aparece ya en el informe del avance del Cnel. Vedia de Bragado a Tres
Lagunas en 1863, dado que como bien señala en su “Crónica Vecinal”
Buenaventura Vita, Vedia contrató en Bragado dos horneros para fabricar los
ladrillos necesarios para la nueva población, y uno de esos horneros era D.
Antonio Maya.
La acertada política ofensiva de Mitre se ve frenada por los problemas
externos que desembocan en la Guerra del Paraguay y que determinaron la
movilización urgente de la Guardia Nacional al solo efecto de guarnecer la
frontera; estableciéndose posteriormente por Ley Nacional del 27 de mayo de
1865 la obligación de enrolamiento para todo ciudadano argentino desde la
edad de 17 años hasta la de 45 si era casado y 50 los solteros.
Según la memoria del Ministerio de Guerra de 1867, toda la extensa frontera
Oeste de Bs. As. estaba protegida por sólo 19 oficiales y 215 tropas del
Regimiento 5 de Caballería de Línea.
Entre 1866 y 1868, el sector Oeste de Bs. As. , en cuanto a su línea de
fronteras, no sufre variantes de interés. En agosto de 1869 el Cnel. de
Ingenieros Juan Ctzetz eleva un informe sobre zonas fronterizas en el que
propone un avance de la frontera; el que se efectúa inmediatamente, pues con
fecha 9 de setiembre de 1869 y con la firma del Cte. Guerrino Grení,
encontramos en el Archivo Histórico de Nueve de Julio un documento remitido
desde Médano de la Estaca. El avance lo efectuó desde el campamento de
Loncagua el Tte. Cnel. D. Dolves Guevara con la primera Compañía del
Batallón y trasladando en carro tres cañones de hierro. Ya a fines de
setiembre del mismo año se ha levantado en el Médano de la Estaca el famoso
Fuerte General Paz, que se transforma inmediatamente en Comandancia de la
Frontera Oeste y que a partir del 30 de noviembre de 1869 estará bajo el
mando del valiente Tte. Cnel. Juan C. Boer.
Por este mismo avance fronterizo se establecen en la zona los Fortines
Comisario, Médano del Bagual, Algarrobo y Luna. Se logró así, a mas de
acortar en muchas leguas la frontera, privar al indígena de importantes
aguadas y ganar ricos campos de nuestro partido para el pastoreo y la
agricultura.
Inmediatamente establecido el Fuerte Paz, se instala allí un Despacho de
Bebida y negocio, que sería nuestra primer manifestación mercantil y del que
fueron sus propietarios Don Blas Tobal y Don Bernardo Crivelles. En la
Memoria de Guerra de 1869-1870 aparece una prolija descripción del Fuerte
Gral. Paz, cuya superficie total de 22.500 m2 se encontraba circunvalada por
un pozo de 4 m. de ancho por 3 de profundidad y un muro de 1 m. de altura
por otro de espesor. En su interior se encontraban edificios para comando,
depósitos, hospital, polvorín y los ranchos para el personal hechos de caña
tacuarilla con capacidad para 6 soldados. En la parte exterior se
encontraban dos potreros para la caballada y un cuadro de 220.000 m2 de
alfalfa.
Los fortines de la zona eran circulares, de un diámetro de 20 m., rodeados
de foso y contrafoso y con solo dos ranchos en forma de cabaña de tacuarilla
y techado de junco. Estos fortines estaban guarnecidos por un oficial y un
número variable de tropa. La vigilancia se hacía aplicando el viejo sistema
de descubiertas; el anuncia de peligro o invasión por tres tiros de cañón si
era de la izquierda y cuatro tiros si lo era de la derecha.
El año 1871 fue agitado y se caracterizó por la cantidad de malones llevados
a cabo en la región y que se agravó por el levantamiento general ordenando
por Callvucurá como consecuencia de la deportación a Martín García de Manuel
Grande, Chipitruz y 300 de su tribu.
Ese año asola el Fuerte Paz una peste de viruela que determina por razones
de seguridad la habilitación de un cementerio en el mismo Fuerte.
Las invasiones siguieron siendo frecuentes durante todo el año siguiente, si
bien las de Callvucurá disminuyeron como consecuencia de la decisiva Batalla
de San Carlos, en la que el batallón enviado desde el Fuerte Paz, después de
una acción heroica, debió lamentar la muerte de un oficial y 8 soldados.
Entre los meses de mayo y noviembre nuestra campiña comienza a ser asolada
por el temible cacique Pincén: quien efectúa fructíferas entradas por la
zona de Fuerte Paz y Fortines Algarrobos, Luna y Rifles; logrando en una de
ellas matar al valiente Comandante Accidental del Rifles D. Estanislao
Heredia y 20 de sus veteranos. Todo ello lleva al gobierno a tomar medidas
urgentes contra Pincén y el Tte. Cnel. Hilario Lagos sale desde Fuerte Paz y
recorre con las tropas de éste una extensión de 400 km., llegando hasta los
mismos toldos de este cacique en Potroló.
En esta situación fronteriza muere el gran Callvucurá y para sucederle es
elegido un triunvirato integrado por tres de sus hijos: Manuel Namuncurá,
Bernardo Namuncurá y Alvarito Reumayucurá, quienes reorganizan sustropas y
azotan con ágiles columnas volantes distintos puntos de nuestra frontera.
El Fuerte General Paz se ve aún más diezmado como consecuencia de una
epidemia de cólera que determina el 5 de marzo de 1874 el establecimiento de
un riguroso cordón sanitario entre aquel y la ciudad de Nueve de Julio. La
Revolución de 1874 termina de debilitar la defensa del oeste al plegarse a
esta oficiales y jefes que la guarnecían. Pero todas las penurias no eran
inútiles, la civilización iba ganando una rica zona.
El 30 de julio de 1875 se comunica a 9 de Julio desde Chivilcoy, la orden
del Ministro de Guerra de establecer un servicio de correos entre aquella y
el Fuerte Paz, “el que se hará con caballos mantenidos a grano” y contará
con tres estaciones intermedias.
En 1877 el Dr. Alsina movilizó millares de vecinos de Bs. As., para trabajar
en una zanja que no llegó a concluirse. Al morir a fines de ese año Alsina,
asume la cartera de Guerra el Gral. Julio A. Roca, que logrará dar solución
definitiva al problema del indígena, llevando a cabo una guerra de tipo
ofensivo que determina en 1878 la prisión de los caciques Pincén y Namuncurá.
Asimismo por Ley del 5 de octubre de 1878 se establece la línea de fronteras
sobre la margen izquierda de los ríos Negro y Neuquén.
Mándase también mensurar las tierras detrás de la nueva línea fronteriza;
trabajo que efectuarán en nuestro partido los agrimensores D. Alfredo Thamm
y Wenceslao Castellanos entre abril de 1879 y marzo de 1884; abarcando las
zonas de: Fuerte Gral. Paz, Fortín Aliados, Fortín Séptimo, Fortín
Algarrobos, Fortín Comisario, Fortín Barrera, Azotea Sommariva, Azotea
Idiarte, Fortín Luna y Fortín Rifles.
De acuerdo a la reglamentación a la Ley de Tierras Públicas del 7 de enero
de 1879, se acuerdan derechos preferenciales a los ocupantes de tierras al
exterior de la línea de fronteras de 1858, siempre que no excedan las 8.000
ha. Es así como por escritura del 8 de julio de 1879 otorgada por el Gdor.
Carlos Tejedor, el Fisco de la Pcia. vende a Don Antonio Maya el campo en
que después se fundó el Pueblo Maya.
Pero, indudablemente, el mayor impulso a nuestra zona estuvo dado por la Ley
de Centros Agrícolas, promulgada el 27 de diciembre de 1887 y que atraerá
fuertes capitales e importante inmigración.
El lunes 25 de marzo de 1889, según la información del periódico “El
Municipio”, se inaugura la Estación Carlos Casares, situada en el campo Maya
y desde ese día comienza a correr el tren nocturno.
El 12 de marzo del año siguiente Don Antonio Maya fracciona parte de su
campo y funda el Pueblo Maya rematando solares y quintas el martillero
Manuel Grego: en base a todo lo cual el 1º de julio de 1897 se logra la
aprobación del trazado del pueblo. Sin embargo por esa época la zona de
mayor actividad se encuentra en el “Centro Agrícola El Algarrobo”, donde se
ha establecido una colonia israelita que el 12 de setiembre de 1891, dada su
importancia y próximo arribo de diez mil inmigrantes, solicita permiso para
la creación de un cementerio Israelita en la Colonia.
En cuanto al Pueblo Maya, y a partir de la subdivisión de tierras, se elevan
numerosos pedidos de alambrado y mejoras por parte de los nuevos
adquirentes. La instalación de un considerable núcleo italiano lleva a éstos
a la creación, el 20 de setiembre de 1894, de la Sociedad Italiana de
Socorros Mutuos “Amor Patrio”, siendo este ejemplo seguido dos años más
tarde de crearse la Sociedad Española con fecha de fundación en octubre 1º
de 1896.
Por Ordenanza del 30 de abril de 1896 se autorizó la creación de la Sub –
Delegación Municipal Pueblo Maya nombrándose primer Subdelegado a Dainero
Zubieta; y por la misma Ordenanza se determina la erección del Cementerio.
Al año siguiente de su creación las recaudaciones de la Sub – Delegación
llevan a que por Ordenanza de mayo de 1897 se autorice a adquirir una caja
de hierro de hasta $ 500.
El 23 de agosto de 1896 se coloca la piedra fundamental de la Capilla de San
Antonio de Padua, siéndole donados por la de Nueve de Julio el altar y el
púlpito de la antigua capilla de aquella. El primer capellán, D. Benigno
Alvarez, tomó posesión de su cargo recién en agosto de 1898.
Asimismo en 1897 numerosos vecinos peticionan a la Intendencia de Nueve de
Julio la creación de una oficina de Registro Civil, la que se hace efectiva
por una Ordenanza sancionada el 18 de setiembre. El pueblo sigue su rápida
transformación. El 11 de setiembre de 1899 el Honorable Concejo Deliberante
de 9 de Julio, autoriza “invertir hasta la suma de $500 para la colocación
de los faroles a kerosene para el alumbrado público de las poblaciones de
French y Carlos Casares, como asimismo para comprar una docena de bancos que
serán colocados en cada una de las plazas de dichos pueblos”.
Y así, alumbrados por la luz de la civilización que el honrado y fatigoso
trabajo que los militares y colonos han sabido conquistarle a Carlos
Casares, terminamos este breve aporte a la historia de un pueblo que se
siente responsable del legado recibido.
Carlos Casares, marzo 18 de 1965.
Profesora Susana B. Sigwald de Carioli (*)
(*) Nació el 12 de mayo de 1933. Egresó bachiller del Liceo Nacional Nº 2 en
el año 1951 y se graduó profesora de historia en el Instituto Nacional del
Profesorado el año 1955. Sigue el curso de historia de Chile en la
Universidad de Valparaíso egresando en el año 1957. Desde 1956 ejerce su
especialidad en el Colegio Nacional de Carlos Casares.
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