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"La Plantita de la Soja no merece ética"

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"La Plantita de la Soja no merece ética"

Existen muchos payasos en este circo globalizado del modelo de la Soja y los hemos sufrido en los últimos años a todos o a casi todos.

Por Jorge Eduardo Rulli (*)

La tragedia golpeó fuerte en la localidad de Río Cuarto. El estallido de varios bidones de hexano en uno de los laboratorios de la Universidad de Río Cuarto, donde se estaban llevando a cabo experimentos secretos sobre combustibles en base a derivados de la soja, se llevó consigo vidas jóvenes y puso al descubierto un mal que proviene del neoliberalismo de los años noventa y que, al igual que el modelo, no hace sino profundizarse: me refiero a transformar las universidades en empresas prestadoras de servicios de las grandes Corporaciones. Los empresarios que van ahora detrás del gran negocio de los Biocombustibles son tan prebendarios como aquellos que amasaron fortunas durante la dictadura militar y el menemismo, tanto como los muchos que ahora acumulan fortunas con la obra pública o con la muchas empresas de servicio que se mantienen privatizadas. Muchas veces además, los nombres se repiten. Sí, muchos de ellos son exactamente los mismos que acompañaron los grupos de tareas del genocidio militar con sus empresas, luego lucraron durante los años noventa con la llamada cleptocracia menemista y la entrega y privatización del patrimonio de varias generaciones, y transformaron más tarde, la catástrofe social y económica de finales del 2001 que arrasó la vida de millones de argentinos para inventar nuevos negocios y transferir cuantiosas riquezas a las muchas que tenían, y lograron quedar mejor posicionados una vez que la gente abandonó las calles y cuando la clase política les posibilitó que pudieran retomar sus negocios habituales.

Ahora, utilizan las Universidades y las instituciones del Estado para investigar o experimentar las nuevas Biotecnologías que tienen a la Argentina como país laboratorio, y de esa manera se ahorran inversiones a costa de un Estado empobrecido y gracias a sus relaciones políticas en los más altos niveles de Gobierno. Esta institucionalización del modelo, es la que cuesta las vidas de nuestros jóvenes, los mismos jóvenes a los que a lo largo de las carreras universitarias, les han inculcado como horizonte deseable, los éxitos profesionales y el culto a la ciencia empresarial, en desmedro de la verdadera ciencia y en especial, en gravísimo perjuicio del medio ambiente. Digámoslo claramente: es el modelo de la Soja transgénica y de la producción de Agrocombustibles que tiene ya en Río Cuarto su propio Cromañón…! Allí están ahora para nuestro escarnio, los muertos, los quemados, los que quedarán inválidos y los muchos que llorarán sin remedio sus muertos y las vidas tronchadas y sin esperanzas…

¿Quién se hará cargo de esta gran tragedia? ¿Quién se hará cargo de alguna responsabilidad en este país de memorias con patas cortas, cuando en simultáneo Chabán sale de la cárcel y cuando Ibarra asume con impunidad su nueva función de Diputado por la Capital Federal? ¿Quién enjugará el rostro de los padres crucificados al dolor de tener que enterrar sus hijos? Quién se ocupará de los derechos humanos, en estos días tristes del presente, cuando tantos están tan preocupados por los derechos humanos del pasado que no tienen tiempo de ocuparse de las nuevas victimizaciones que provoca el modelo biotecnológico… al que por otra parte ignoran absolutamente, cuando no respaldan con entusiasmo digno de mejores causas… Y los muertos de Córdoba, producto de las más altas complicidades del gobierno con la Aceitera General Dehesa, se sumarán a los innumerables muertos que provocan las fumigaciones, tantas pero tantas muertes por leucemia, por malformaciones, por lupus, por infecciones diversas provenientes de una tierra enferma y que terminan adueñándose de organismos cansados y con los sistemas inmunitarios desplomados como consecuencia de tantos plaguicidas y disruptores endocrinos que saturan nuestro medio ambiente.


Y siempre estarán los que toman a la gente por tonta y operan con la burla que creen inteligente de respondernos que la Soja no tiene la culpa… o como dijo alguna vez en la Facultad de Exactas el nuevo ministro Barañao: … la soja es una plantita que no merece abordajes desde la ética… Sí, existen muchos payasos en este circo globalizado del modelo de la Soja y los hemos sufrido en los últimos años a todos o a casi todos.

Desde los amigos que no nos creían porque tenían un hijo o un nieto estudiando en la Facultad de Ciencias Exactas o en la de Agronomía, hasta los muchos que creían ver en nosotros un cierto fundamentalismo, una visión demasiado sesgada hacia el ecologismo… decían…ya se quedaron sin discursos. Pero los personajes que más sublevan nuestros principios, son los sempiternos banalizadores, los que desde criterios supuestamente científicos, se especializan en tratar de diluir los efectos de los impactos sobre nuestra sensibilidad o sobre nuestra conciencia. Lo hacen con comentarios vulgares, tales como… y, de algo hay que morir… o aquel otro que muchas veces usara Menthaberry y varios más… difícil que maten las fumigaciones tanta gente como los automóviles, y sin embargo nadie se propone erradicarlos de la civilización…

Los banalizadores de los impactos del modelo medran sin mayores riesgos en la sociedad neocolonizada. Ocupan altos cargos de prestigio con que se les retribuyen sus servicios y suelen actuar como opinólogos generales y expertos en cualquier tema siempre que tengan un micrófono a mano… Me molesta particularmente desde hace casi diez años Leonardo Moledo, ex director del Planetario y complemento seudo científico del periodismo progresista de Página 12. Desde su llamado Café científico hizo durante años abierta propaganda a favor del modelo de la Biotecnología. Ahora, su antiguo título de matemático pareciera que lo autoriza en el programa de Pesoa, en Radio Nacional Córdoba del que soy columnista, a aseverar que con el glifosato: …”no pasa nada…” tantas veces hemos escuchado a tanto patán cómplice de las empresas, acerca de que se puede beber el glifosato… sin embargo nunca hemos visto a ninguno de ellos que intentara consumar el gesto engañador. Las evidencias científicas internacionales de que el Glifosato que, en verdad no se usa como tal sino mezclado con varios aditivos todos altamente tóxicos, son en verdad abrumadoras, aunque el SENASA, por complicidad con las empresas, continúe categorizándolo como levemente tóxico. Sin embargo, se continúa engañando a la población con impunidad al denominarlo “fitosanitario”. ¿Han escuchado algo más mentiroso y perverso que denominar a esos espantosos venenos como “fitosanitarios”?

Bien, volvamos a Moledo y al programa El Desconcierto de los Domingos… cuando Pesoa le recuerda que yo suelo decir otras cosas acerca del glifosato, Moledo responde negándome toda autoridad como para opinar sobre algo, en verdad sobre cualquier cosa…. Pero si Rulli pertenece a un grupo “extremista”… Me ofende que alguien, en este país desolado y con tantos muertos insepultos, alguien que por edad no habría podido dejar de vivir el terror de aquellos años, pueda usar ese descalificativo que en otros tiempos conducía a los horrores de la desaparición y de una muerte atroz. Siento que, tal como en los años de plomo, continúa siendo un apelativo canallesco.


Pero quizá sean tiempos canallescos y no tan sólo de confusión y de desconcierto. Me acaba de llegar una intimación de Gustavo Grobocopatel para que me retracte de algunos dichos sobre su persona, realizados en este programa Horizonte Sur de Radio Nacional AM y que califica como injurias. Se me reclama formalmente que le solicite públicamente las disculpas correspondientes. En cierta manera fuimos amenazados cuando hace tiempo estuvimos dando una conferencia en Carlos Casares y se ubicó en primera fila con sus parientes y empleados para amedrentarnos. Ahora me lanza los nombres de sus abogados de fuste, como quien nombra a sus padrinos, pero no son sus padrinos. Hubiera sido bueno que me retara a duelo y me diera a elegir armas… se me ocurre pensar que habría elegido yo tal como decía siempre un amigo que tuviera en épocas heroicas: a caballo y lanza… Habría sido un buen espectáculo para dirimir si acaso el Glifosato mata o acaso se puede beber…
En cambio de ello Grobocopatel que fuera durante muchos años profesor en la Universidad de Buenos Aires y que públicamente en un reportaje del suplemento Enfoques del diario La Nación del domingo 2 de Diciembre, ha manifestado a través del periodista que puede refutar al GRR, me desafía a probar tanto que sus silos le pertenecen como que contaminan, y que además, existen muertos de cáncer por su culpa… Me parece que Grobocopatel, tal vez confundido por su rápido periplo chavizta bolivariano, no entendió el sentido de la lucha que llevamos o acaso no lo quiere ver… lo hemos dicho muchas veces: dentro de veinte o treinta años cuando la mortandad y el dolor de los desarraigos masivos sean incontrastables, vamos a sentar a unos cuantos en los mismos banquillos de acusados en que ahora están pasando con cuenta gotas los genocidas de los años setenta. Probar que una leucemia fue provocada por un silo en una Argentina con Universidades como la de Río Cuarto y con laboratorios que se dedican a experimentar secretamente biodieseles para las Corporaciones, es casi una broma.
Lo mismo si pensamos en probarlo en una Argentina con jueces y tribunales que no se caracterizan por intentar comprender la tragedia ambiental que estamos viviendo cotidianamente o que cuando lo hacen, como en el caso del Riachuelo, terminan resignados a la incapacidad estatal de llevar adelante sus propuestas… De todos modos y contra toda desesperanza estamos dando estas batallas y haciendo escuchar cada vez más nuestras voces y nuestras razones. El crimen de que se trata no obstante, no es precisamente unas muertes pueblerinas provocadas por un silo de dudosa pertenencia, dada la dificultad de hallar en las marañas leguleyos a los verdaderos propietarios. De lo que se trata es de discutir el modelo instalado, el modelo de la dependencia argentina, el modelo que nos ha convertido en país laboratorio y que ha extendido a lo largo y ancho del país, veinte millones de hectáreas de monocultivos con los mismos patrones agroquímicos y con el mismo ensañamiento contra la biodiversidad, las poblaciones locales, los pequeños productores, los bosques nativos y los agro ecosistemas. Esa es nuestra batalla y los nuevos cromañones de la soja están despertando conciencia en mucha mayor medida que la influencia de nuestras voces o el peso de nuestras razones. Confiamos plenamente en lo porvenir porque estamos ciertos que si nosotros perdemos y cuando decimos nosotros nos referimos a esa constelación libertaria de voluntades antiglobales, anticrecimiento y por una nueva economía, que se extienden como una telaraña por el planeta todo, si nosotros perdemos esta gran batalla, las Corporaciones y los capitalista habrán consumado el gran Ecocidio y la humanidad quedará sin mañanas posibles.

Que Gustavo Grobocopatel y Moledo piensen y digan lo que quieran de nosotros, en el fondo no ignoran que ellos luchan por posiciones de poder y por dinero, mientras nosotros luchamos también por los hijos y los nietos de ellos, para que pese a ellos y a su avaricia, esa descendencia pueda tener mañana un lugar bajo el sol.
 


(*) Grupo de Reflexion Rural
Un envío del Juan de Dios Romero
 

Fuente: www.politicaydesarrollo.com.ar

 

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