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La Seguridad en
Carlos Casares??
¿Cambiar todo para que nada cambie?
Ya hemos titulado otro tema de la misma manera. Haciendo referencia a la
célebre novela «El Gatopardo» de Tomaci de Lampedusa. «Si queremos que siga
todo como está, es necesario que todo cambie», «...una de esas batallas que
se libran para que todo siga como está». Los cambios deben ser profundos,
acompañados de un proyecto, dirigidos a reformar lo que hace falta reformar,
lograr lo que no se puede lograr. No cambiar caras por cambiar, sino
cambiar caras en las que detrás exista la firme convicción de concretar
resultados, pero siempre contando con un apoyo político y logístico que
permita arribar a los fines propuestos. Lo decíamos días pasados en esta misma
sección: ¿sirve de algo cambiar las caras de la cúpula policial, si ese
cambio no va acompañado de más efectivos, más móviles y una acción decidida
a combatir el delito en todas sus formas?. Eternamente se ha sospechado de
la policía. De sus métodos, de la cultura del cohecho, de su connivencia con
la delincuencia, de su ineficiencia, en fin, años ha que no se la considera
capaz de ser un instrumento idóneo, efectivo y contundente para frenar el
auge de la delincuencia.¿No habrá llegado la hora de
cambiar para que algo cambie, y junto a la policía, confiando en ella,
trazar acciones tendientes a hacer efectiva la lucha contra la delincuencia?.
Caso contrario, los cambios policiales que se producen no serán más que un
reemplazo de caras con un mismo resultado. Siglos hace que decimos que
cualquier casarense conoce a los ladrones, sabe dónde viven, que son cuatro
o cinco, siempre los mismos, y que no existe la voluntad manifiesta de
ponerle fin de una buena vez a sus andanzas. Por su parte, la policía afirma
que los detiene, prueba sus delitos, y aporta elementos suficientes para que
sean privados de su libertad, pero invariablemente la justicia les otorga la
libertad, con «permiso» para delinquir, por usar un eufemismo. Parece el
cuento de la buena pipa, y en el medio están los ciudadanos, vecinos
desguarnecidos que pedimos más seguridad o el fin de esta inseguridad que
nos mata, y nos responden con cambios de caras.
Pero como de nada vale ser negativos y llegar a pensar que el problema no
tiene remedio (¿lo tiene?), seamos optimistas, confiemos en que esta vez
llegará la solución, o al menos se bajará el delito en nuestro distrito, que
los vecinos van a poder salir de sus casas sin temor alguno, que los fines
de semana serán más tranquilos, y que los cambios realizados habrán dado un
resultado positivo. Caso contrario, habrá que poner las barbas en remojo,
generar nuevas ideas, dejar de ser tan permisivos y gastar lo que haya que
gastar para garantizar la seguridad de la comunidad. Y sobre todo actuar
sobre los verdaderos focos en los que se enquista la delincuencia, aportando
datos (que todo el mundo dice tener), y haciendo de la lucha contra la
inseguridad una causa común.
Artículo periodístico Diario ''El
Oeste'', Carlos Casares.
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